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El
toro bravo, tal y como lo conocemos hoy día, nació en cuatro grandes
valles fluviales europeos: el valle del Guadalquivir, el del Tajo, el
valle medio del Ebro y las bocas del Ródano. Llanuras y marismas
fueron, por tanto, el primer paisaje que hollaron sus pasos.
En este terreno, de ricos pastos situados en un relieve plano, el
ganado encontraba alimento y agua en abundancia, y disfrutaba de un
clima suave y un relieve plano.
En la actualidad, las marismas del Guadalquivir, en terrenos de
Sevilla y Cádiz, las riberas del Jarama y del Tajo en Aranjuez, y la
zona marismeña de Ribatejo (Portugal) en la cuenca del río Tajo,
junto a la Camarga, en las bocas del Ródano (Francia) constituyen un
paisaje que, si bien cuenta con elementos dispares, propios de cada
una de ellas, presentan los mismos principios de dinámica ecológica. |