Sus casas rurales en la Alpujarra Granadina

Senderismo por Tierras de Gerald Brenan y Abén Humeya

En el pueblo de Válor nació Don Fernando de Válor y Córdoba: Abén Humeya como se le llamó en estas tierras. El más conocido de los alpujarreños era descendiente de los príncipes Omeya y fue proclamado rey de la Alpujarra al producirse la sublevación morisca contra los cristianos en el reinado de Felipe II, allá por el año 1.568.

Detalles de la actividad

  • Duración: 3h
  • Personas: de 2 a 10
  • Dificultad: media
DISTANCIA Y TIEMPO ENTRE NÚCLEOS URBANOS.

Válor – Yégen: 5,5 Km 1h. 30’

Yégen – Montenegro: 2,4 Km 30’

Montenegro – Golco: 3,3 Km 55’

Golco – Mecina Bombarón: 1,5 Km 25’

En el pueblo de Válor nació Don Fernando de Válor y Córdoba: Abén Humeya como se le llamó en estas tierras. El más conocido de los alpujarreños era descendiente de los príncipes Omeya y fue proclamado rey de la Alpujarra al producirse la sublevación morisca contra los cristianos en el reinado de Felipe II, allá por el año 1.568.

Después de la expulsión de los moriscos quedó candente la posibilidad de una invasión por parte de los “moros” y esto se ve reflejado en las tradicionales fiestas de Moros y Cristianos que se celebran cada año. Estas fiestas son muy comunes en la comarca como en Laroles, Juviles, Trevélez, Bubión, pero las que tienen una fama especial son las de Válor, que en honor al Santo Cristo de la Yedra se representan el día 15 de septiembre. Es una función en la que en una primera parte ganan los moros y en la segunda ya vencen definitivamente los cristianos.

El histórico sendero que va de Válor a Yégen sigue el Camino Real que unía Almería con Granada. Así nos lo demuestra Francisco Cobo (“Paco el de las Flores”), que vive en el barrio de la tableta, con una antigua escritura de su casa por donde pasa el sendero, que dice: “linda al sur con el Camino Real de Almería a Granada”.

Debajo de la Ermita de Lourdes sale el camino y pasa algo más abajo por el legendario puente de la Tableta, semiderruido recientemente tras las tormentas de los últimos años, después de aguantar en pié tantos siglos. De él ya nos hablaba Pedro

Antonio de Alarcón en su libro “La Alpujarra”(1), en su viaje de 1874 cuando entraba en Válor: “Para llegar a la población y a sus cuatro barrios (llamados el Portel, la Jarea, Cohijar y Canlarranas) hay que pasar un hondo torrente que corta el camino, y que es la defensa natural de Válor, origen de su importancia en la guerra del siglo XVI como punto estratégico. Sobre aquella cortadura existe un puente peraltado de forma árabe, de un solo ojo, levemente apuntado a la manera de ojiva, como los del llano de Tetuán”.

Debido al estado ruinoso del puente, al igual que la fuente agria de la Tableta situada debajo del puente que está atorada, aconsejamos no cruzar este “hondo torrente” por el puente Tableta mientras que no se arregle, sino más arriba. Por esto saldremos de Válor en dirección oeste donde está la almazara (hacia Yégen), por la carretera, durante solo unos metros hasta justo después de que cruce el río Válor, donde ya tomamos una pista a la izquierda.

Al seguir por la pista, entre huertas cada vez más baldías, cruzamos un barranco y en la confluencia de caminos no tomamos el desvío que parece el principal que sigue a la izquierda y baja por un castaño, sino el de la derecha por el que subimos y pasamos sobre una acequia.

Después de cruzar el barranco de los Morciguillos se repite esa intersección de caminos, e igualmente volvemos a tomar el de la derecha. Enseguida llegamos a la pista asfaltada que viene de la carretera principal. Bajamos por ella, a la izquierda, y aunque más adelante se divide en dos, vuelven a juntarse después de rodear una finca de almendros, hasta llegar a Cuesta Viña.

Gerald Brenan (2) nos hace un poco de historia de este lugar: ” En la Cuesta de Viñas, al este de la aldea, habrá habido durante la época mora una gran concentración de casas – lo que se denominaría un lugar- pero habrá desaparecido sin dejar rastro”.

Ahora sí que nos encontramos con alguna concentración de casas, algunas decadentes, otras semiconstruidas y abandonadas. Sin embargo, algunos cortijos se habitan en verano y le dan a la zona un ambiente de oasis con sus numerosos almeces, parras y palmeras. Pero lo que tiene de inmemorial el lugar son sus fuentes ferruginosas adornadas con azulejos de otros tiempos, al pie del mismo río.

(1) ALARCÖN, Pedro Antonio de. La Alpujarra. Ed. Roger, 1.998.

(2) BRENAN, Gerald, Al sur de Granada. Ed. Fábula, 1.997.

Las “aguas agrias”, como se les llaman por su sabor a estas fuentes ferruginosas, no tienen nada que envidiarle como propiedades curativas a los manantiales de Lanjarón, que son las más famosas de la Alpujarra debido a sus balnearios y a la comercialización de sus aguas minerales. Estas aguas agrias son ricas en ácido carbónico y en hierro lo que les da unas cualidades medicinales, especialmente digestivas y como reconstituyente anémico.

Salimos arroyo arriba por la rambla de Viñas, repoblada por encima de la fuente con árboles de sombra, para enseguida tomar a la izquierda una vereda que cruzará un par de acequias- una de ellas alimenta una alberca a los pies de una higuera- y algunos moreros y caquis, pero sobretodo encontraremos por el camino muchos majoletos, olivos, almeces, granados, almendros, higueras y chumberas. Después de dejar un cortijo a la derecha, al cruzar el barranco que le acompaña entre los juncos y las zarzas, pasaremos por hermosos castaños. Debajo se divisan unos grandes chopos blancos. Puede sorprendernos el ver salir entre el arbolado alguna paloma torcaz.

Atravesamos una zona de bancales y paratas abandonadas de sus tradicionales cultivos rodeadas de pequeños espinos blancos, y en dirección este–oeste nos adentramos en un pequeño barranco para subirlo bajo la sombra de las higueras hasta la carretera. La cruzamos para volver a ella a la izquierda después de pasar una curva.

Desde aquí ya se ve Yégen a un kilómetro. Recorremos por la carretera 200 mts, hasta cruzar el barranco del Quegigal, aquí tomamos a la izquierda una vereda que discurre bajo la carretera y nos lleva entre huertas al núcleo urbano.

Yégen es conocido internacionalmente gracias al escritor inglés Gerald Brenan. El hispanista se afincó en este pueblo tras recorrer parte de la Alpujarra, e hizo un estudio antropológico y cultural excelente, recogido en su recomendable libro “Al sur de Granada”.

Yégen es un lugar en el que se puede disfrutar por sus calles observando su conservada arquitectura popular. Desde el barrio de arriba bajaremos, pasando, debajo de la fuente de los tres caños, por la casa donde vivió Gerald Brenan ” por espacio de siete años”, como nos indica la placa colocada en su fachada.

En el barrio mas bajo del pueblo cruzaremos por la plaza del ayuntamiento donde se sitúa su Iglesia para llegar a la plaza de la Ermita con su fuente exagonal en medio. De ella sale un camino entre huertas y olivos que nos llevará al cementerio del pueblo, y desde aquí una pista de tierra nos conducirá a la cortijada de Montenegro.

Paisaje árido, ensombrecedor, roto. Lomas, ramblas y cárcavas se entrecruzan cubriendo todo lo que vemos hacia el sur hasta perderse en el fondo de la Contraviesa. Esta sierra está coronada por el Cerrajón, a sus pies divisamos el pueblo de Jorairátar.

Dejamos por la pista los desvíos que nos encontramos a la izquierda: primero uno más perdido, luego otro que por unos olivos lleva a unos cultivos encima de un cerrete, y un tercero que baja junto a un cortijo con su alberca. A continuación cruzaremos el barranco de los Quiebros. Se reconoce porque bajo una higuera tiene unos pequeños bancos de obra. Si nos adentramos un poco en él, beberemos de un hermoso nacimiento: nos encontramos en el Salto del Gitano. La pista pasa por restos de una yesera y nos introduce en Montenegro, una cortijada rodeada de olivos.

El caserío de Montenegro lo componen una Ermita moderna, un cortijo grande sobre un cerro y varios cortijos diseminados, de los que se encuentran habitados dos de ellos: el llamado cortijo Bartolo donde viven dos hermanos ganaderos y otro en el que viven madre anciana e hijo, todos dignos de saborear.

Junto a la acequia, una flecha de indicación nos avisa que tenemos que dejar la pista que traemos y tomar una vereda que sale a la derecha. En este lugar ya se divisan las casas de la población a la que nos dirigimos: Golco. La acequia que en un principio acompaña la vereda nace de la fuente de Montenegro que es un hermoso chorro de agua que emana entre las rocas (aquí nos encontramos terreno calizo). Debajo una alberca almacena sus aguas.

Al salirnos de todo este arbolado que alimenta la fuente, pasamos por los pies del cortijo Miguel, corral con la base de piedra y encima construido de ladrillo y bloques. Tomamos la vereda de abajo que es la que va por el camino del Fresnillo y nos lleva a la vertiente del río Mecina. La loma de enfrente se encuentra cubierta de vegetación y poblada con dos núcleos: El Golco y Mecina Bombarón.

Al llegar al río nos acercamos a la parte alta de la chopera porque allí junto a unas mimbres suele estar el puente. Tras cruzarlo descendemos unos metros para subir enfrente sobre una vereda empedrada al principio, en la que se muestra lo que era esta calzada.

Enseguida salimos a una pista que la dejamos para seguir a la derecha por un camino tradicional: La vereda, que sale junto a unas pitas, pasa por la era de Golco Baja y tras subir por la Cuesta de Golco desemboca en la pista, esta de color grisáceo – azulado al atravesar por una zona de launa.

Antes de llegar a Golco una fuente a cada lado del camino nos aliviará el haber subido desde el río en un Km, 150 mts de desnivel. La fuente baja que está escondida al otro lado del camino, está más sabrosa que la otra hermana que está enfrente a la izquierda.

La plaza de Golco está sombreada por una hermosa catalpa y regida por una de las más antiguas Iglesias de la zona.

El camino que nos une a Mecina Bombarón lo tomamos unos metros antes de esta plaza por un carril cementado. Este lo dejamos a la derecha en su primera curva y seguimos por una vereda repleta de vegetación y refrescada por una acequia hasta adentrarnos en el pueblo de Mecina. Famoso por sus cultivos de habichuelas y sus exquisitas manzanas de invierno.

 

Recomendaciones

Llevar calzado y ropa adecuada, bebida refrescante y cualquier detalle indispensable para el senderista.

Condiciones

No hay condiciones ya que es una actividad a realizar por libre para el senderista.

 

Etiquetas

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