El Mulhacén

Una Imponente Historia

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El Mulhacén: Una Imponente Historia

SI contamos con que en el agua está el origen de la vida, entonces tenemos que decir que la vida en la Península Ibérica comienza en el punto más cercano al cielo, aquel lugar en el que el agua inicia su dulce descenso: el imponente león dormido que desde sierra nevada y la Alpujarra se muestra hidalgo al resto de Iberia, el Mulhacén. No olvidemos los escritos de Salvador Rueda, en aquellos años de 1913 cuando nombró hermosos versos sobre Sierra Nevada: “Una esfinge de insólita largura, de hundidos flancos y alta la cabeza, finge con su inmutable fortaleza y su dorso en inmensa curvatura”. Y cuando menciona aquella inmensa curvatura se refiere a la Alpujarra, lugar inhóspito e inclinado, con accidentados orígenes de destierro, rebelión, martirio y venganza; aislada naturalmente del mundo por siglos, lugar al que incluso su protector le mostro la espalda y decidió buscar en el norte su palacio perdido y poco olvidado en el que nació y del que fue expulsado, no por reyes cristianos, sino por su sangre, su hijo Muhammad, el Rey Chico, Boabdil denominado “el desventurado”.

¿Quién fue Muley Hacen?

Su nombre era Abu-l-Hassan Ali, Muley Hacen según los textos cristianos, fue el antepenúltimo rey nazarí en Granada, el padre de Boabdil, quien le destronó. Aquel rey esposo de Aixa la Horra, amante de Isabel de Solís, aquella cristiana renegada islamizada con el nombre de Soraya. Muley Hacen fue el último de los reyes del islam granadino, aquel que realizó la guerra contra los cristianos. Cuentan en las crónicas que cuando los Reyes Católicos enviaron a Juan de Vera su embajador para exigir el pago de los tributos que estaban retrasados, Muley Hacen respondió con mucha dignidad: “Volveos y decid a vuestros soberanos que ya son muertos aquellos reyes de Granada que pagaban tributo a los cristianos y que ahora en Granada no se labra ya oro, sino alfanjes y hierros de lanza contra nuestros enemigos”.

Final inesperado por Muley Hacen

Podemos decir que Muley Hacen perdió dos veces el trono: una fue a manos de su hijo Muhammad XII, conocido como Boabdil, y la otra fue por su hermano Muhammad XIII, El Zagal. Desengañado de la realidad de la vida luego de ver morir a su segundo hijo a manos de su propio hermano y quebrado por un destino irremediable, Muley Hacen renunció a continuar en la lucha y se retiró a Almuñécar, en el que murió un 28 de octubre de 1485. “Llévame a lo más alto de Xolair donde no pueda sentir nunca jamás la perversa planta de los hombres” fue su última voluntad manifestada a la fiel Soraya. Se tomó la decisión y una comitiva ascendió desde aquel lugar en la Alpujarra hasta lo más encumbrado que pudieron en la sierra, lugar en el que la tierra se corta de improviso en un tajo espantoso en el que sólo las águilas merodean. Allí, cubierto para protección de las aves rapaces, protegido por lajas diestramente dispuestas, en una de las cornisas más escabrosas, quedó resguardado el cuerpo sin vida de este rey de Granada, sobre la cara desafiante e imponente de la montaña, sobre la cumbre de su vieja Al-Andalus, fue así que desde entonces lleva su imperecedero nombre: Muley Hacen, antes; Mulhacén, hoy en día.

 

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